Un mallorquín ha atravesado el pacífico y ha visitado más de quince países navegando gratis o por muy poco dinero a cambio de limpiar y cocinar en el barco: “Es una manera de viajar genuina, pero no es para todo el mundo”.

“Ve a un puerto y échale morro. Es más fácil de lo que parece”. Miguel Ángel Vicente de Vera no tiene barco, ni formación náutica, ni un presupuesto significativo, pero ha visitado más de quince países en viajes en los que ha completado miles de millas por mar. La fórmula es todavía poco conocida, incluso en Mallorca, pero eficaz. Este palmesano de 38 años conoció el barco-stop en 2009, un sistema que le ha abierto un enorme abanico de posibilidades, pero sobre el que también expresa algunas cautelas: “No es para todo el mundo”.

Su gran hito: completar los 5.500 kilómetros que separan las Galápagos de las Islas Marquesas, en la Polinesia Francesa, atravesando el océano Pacífico. “Es el viaje más largo del planeta entre dos puntos naturales”, aclara este mallorquín desde Ecuador, donde se estableció hace algunos años para enfocar su carrera al periodismo de viajes.

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