Los patinetes eléctricos en los que se mueven los responsables de una de las principales marcas que expone en el Salón Náutico son un síntoma del cambio incipiente. De momento utilizan la energía eléctrica para desplazarse por tierra pero soplan vientos de cambio también en el mar.

Las embarcaciones híbridas que combinan motores convencionales y eléctricos se empiezan a hacer un hueco entre los más de 700 modelos expuestos hasta el domingo en el Port Vell de Barcelona, que ha colgado el cartel de “completo” este año con los muelles de la Fusta y de Espanya llenos de todo tipo de barcos.

La preocupación por el medio ambiente da pie a nuevos proyectos más sostenibles

No hizo falta ni un día de salón para que el último modelo de yate híbrido presentado por el fabricante Greenline colgara en la popa otro cartel muy deseado, el de “vendido”. Unas placas solares en el techo almacenan la energía generada en unas baterías de alta capacidad de litio y permiten el funcionamiento eléctrico de todos los electrodomésticos a bordo, incluido el aire acondicionado, que viene de serie en las embarcaciones de este fabricante esloveno, pionero en el sector. También aportan energía al motor eléctrico, situado justo detrás del diésel para recargarse con el movimiento del eje cuando está en funcionamiento. “Podemos ir desde Barcelona hasta la Costa Brava con el motor diésel y, una vez allí, nos moveríamos de cala en cala con el eléctrico, que tiene una potencia máxima de seis nudos”, explica Artem Loginov mientras los visitantes no paran de curiosear y pedir información. No tienen prácticamente competencia y eso se nota.

Son pocos astilleros y distribuidores los que se atreven a dar el paso hacia modelos medioambientalmente más sostenibles. A día de hoy todavía son una excepción en el sector. “Más que raros, somos especiales”, matiza Charlie Priestley, de la compañía de alquiler de catamaranes La Bella Verde. Cuentan con cinco embarcaciones 100% eléctricas a pleno rendimiento durante todo el verano en Eivissa. Hay que reservar con tiempo porque tienen mucha demanda unos catamaranes a simple vista convencionales pero con unas placas solares para almacenar la energía suficiente para darle un uso recreativo a un tipo de embarcación alquilada normalmente por familias y amigos que buscan pasar un buen día en el mar. Su clientela es definida por Charlie Taverner como “gente apasionada del mar con conciencia”. El alquiler les sale algo más caro que uno de los de toda la vida pero a cambio, además del respeto al medioambiente, “pueden ir en silencio y sentir mucho más la naturaleza y el mar”.

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